Volver a trabajar después de más de 20 años
Después de más de veinte años sin trabajar de forma dependiente, pasando gran parte de mi vida más bien encerrado y dedicándome a trabajos independientes por internet, poder trabajar por un par de semanas como reponedor para CCU en un supermercado (Antofagasta) fue un paso muy significativo para mí.

Tengo autismo tipo 1 y presento varias hipersensibilidades,, además de TOC y otros cuadros asociados, lo que durante muchos años hizo muy difícil pensar en un trabajo presencial. Tras tantos años sin trabajar, la confianza se debilita, y a eso se sumaban experiencias pasadas de rechazo laboral, incluso en programas orientados a personas con distintas condiciones o capacidades, en parte por dificultades de motricidad fina en mis manos. Todo eso hacía que el temor fuera más intenso.
Sin embargo, al comenzar el trabajo ocurrió algo que no esperaba. En lugar de aumentar la ansiedad, las tareas repetitivas y ordenadas propias del rol de reponedor comenzaron a regularme emocionalmente. Reponer, ordenar, mantener el orden en góndolas y seguir una rutina clara me entregó estabilidad. La ansiedad bajó y empecé a sentir una calma que nunca había sentido en las pocas oportunidades que tuve de trabajar.

Con el paso de los días comencé a sentir más ganas de levantarme e ir a trabajar, algo que nunca había ocurrido con las pocas oportunidades de trabajo que tuve anteriormente. Sentí que tenía una función clara y definida en el trabajo, lo que me daba estabilidad. El contacto social también fue distinto a lo que temía: ayudar a alguien a encontrar un producto, responder una consulta concreta, tenía un propósito claro y me generaba mucha menos ansiedad que la sociabilización en grupo.
Watts y la infancia
Reponía productos de CCU como bebidas Pepsi, 7Up, Crush, Limón Soda, entre otros, pero hubo algo especial que ocurrió cuando me tocó reponer los jugos Watts. Ahí noté que mi ansiedad bajaba aún más. Trabajar con esa marca me conectó profundamente con mi infancia. Fui un niño lleno de temores y ansiedad, pero que guardó en su memoria pequeños grandes momentos de felicidad. Uno de ellos era cuando, a pesar de las carencias, en familia nos dábamos un gusto una vez al mes: comprar una botella de jugo Watts, especialmente el de durazno, en botella de 1 litro de vidrio. Ese momento sencillo era motivo de alegría.
Reponer ese producto me evocó ese recuerdo y me generó una sensación de calma y bienestar. Incluso me daba una “ansiedad buena” cuando veía que el jugo de durazno se iba agotando el stock, porque quería que no se acabara y que más personas pudieran disfrutarlo, ya que para mí siempre fue mi sabor favorito.

Ayudar me hacía bien
A pesar de mi condición, me di cuenta de que tenía algo valioso para aportar. Soy una persona muy empática y con buena disposición. Si un cliente buscaba un producto y no estaba en sala, yo le decía que yo se lo iba a buscar a bodega si había stock. Subía a bodega las veces que fuera necesario hasta encontrarlo. Ayudar a las personas no me molestaba, al contrario, me hacía feliz.
Recuerdo, por ejemplo, a una señora que buscaba jugo Watts en botella de vidrio. No estaba en sala, pero fui a bodega, lo encontré y se lo llevé. Ella quedó muy agradecida, ya que ese jugo en envase de vidrio era un regalo para una amiga. Luego, en otras veces, me saludaba y me contaba que ya le había dado el regalo a la amiga. Ese tipo de interacción social fue muy significativa para mí.
Compañerismo real
También valoro mucho la relación que se dio con mis compañeros. A pesar de haber estado solo dos semanas, se generó un ambiente de compañerismo y cercanía muy bonito. Además, esta tranquilidad que tuve también se debió a la muy buena disposición de mis compañeros y compañeras, que, al ser una persona nueva en este trabajo, estaban muy dispuestos a enseñarme y ayudarme.
Tiempo después volví al supermercado a comprar y me volví a encontrar con ellos, lo cual confirmó ese cariño mutuo y genuino, porque me saludaban de forma cariñosa y cercana. Esa experiencia me hizo sentir parte de un equipo y me mostró que mi trabajo era valorado.
Un Anhelo

Y, para cerrar, hay algo que siento importante decir. No lo planteo como una meta laboral concreta ni como una petición, sino más bien como un anhelo personal. Después de esta experiencia, comprendí cuánto significado tiene para mí trabajar en un ambiente que me entregue calma, sentido y conexión. Poder volver a sentir esa tranquilidad trabajando con una marca que me conecta con mi historia es algo que guardo como un deseo, un anhelo. Una marca que me haga recordar esos pequeños grandes momentos de felicidad en familia y que mi mente autista nunca olvidará.





